A un siglo del fin de la primera guerra, británicos y alemanes derribarán “el muro de la Chacarita”

Once de noviembre de 1918. La paz más frágil, más efímera, que vivió el mundo entre 1918 y 1939, se concentró en el vagón restaurante 2419D de un modesto tren en el medio del bosque en Compiègne, 70 kilómetros al norte de París. Ese fue el escenario del armisticio que puso fin a la devastadora Primera Guerra Mundial. Este domingo se cumplen 100 años de ese día.

Muy lejos de esos hombres, representantes el Reino Unido, Alemania y Francia, que firmaron el final de más de cuatro años de combates, pero muy cerca de la sensibilidad de Argentina, precisamente en el barrio porteño de Chacarita, las autoridades del Cementerio Británico y del Alemán pondrán fin a una división eterna. Inaugurarán un portón que unifica y permite el paso entre ambos cementerios. Así, se derribará el muro instalado en 1920 para dividirlos. Y, con él, los últimos resabios de rencores bélicos entre las dos potencias.

A la celebración asistirán los embajadores de Alemania, Francia y el Reino Unido; el viceministro de Defensa, Horacio Chignazolo; las comunidades argentinas de ascendencia británica y alemana; gaiteros; un coro que cantará “Imagine”, de John Lennon; y actuará la Banda Militar de los Patricios. Un culto a la reconciliación que recuerda a los miles de voluntarios británicos, alemanes y franceses que viajaron desde nuestro país y murieron en la Gran Guerra.

Habrá un acto conmemorativo a cien años del fin de la Primera Guerra Mundial. Foto: Andres D'Elia
Habrá un acto conmemorativo a cien años del fin de la Primera Guerra Mundial. Foto: Andres D’Elia

Comenzará a las 10.15 y se alinea con que a las 11 del domingo en el Reino Unido -“en la undécima hora del undécimo día del undécimo mes”-, se guardarán dos minutos de silencio. También con que en Londres tendrá lugar una ceremonia histórica: el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, será el primer dirigente de su país en depositar una corona de flores en el Cenotafio, el monumento conmemorativo situado en el centro de la capital británica, durante el homenaje a los caídos. 

Los dos cementerios comenzaron a funcionar en la Ciudad en diciembre de 1820. Un grupo de comerciantes ingleses consiguió un lugar donde inhumar los restos de inmigrantes no católicos. Lo bautizaron Cementerio de Disidentes y ese espacio también fue compartido con estadounidenses protestantes radicados en Argentina. “Hubo una mudanza en 1833 al cementerio Victoria (hoy Plaza Primero de Mayo en Balvanera). Pero en 1892 el municipio nos pidió que nos retiráramos porque los vecinos ya no querían vivir junto a los muertos. Y nos cedieron estas tierras en la Chacarita”, detallael director del cementerio británico, Andrew Gibson. Junto a Peter Becker, vicepresidente de la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires, encabezará este gesto emotivo.

Uno de los cenotafios de la Chacarita. Foto: Andres D'Elia
Uno de los cenotafios de la Chacarita. Foto: Andres D’Elia

La historia casi gemela de los dos cementerios se oscureció a partir del 28 julio de 1914. La Gran Guerra motivó la creación de un cerco vegetal para separar los terrenos de los dos países enemigos. En 1922, ese cerco se consolidó como un muro de 200 metros.

Cuando Alemania firmó el armisticio, el recelo continuó. También ese muro. 

“Me faltan dos nombres, un polaco de Jujuy y un polaco de Mendoza, que se fueron de Argentina y murieron peleando con la Real Fuerza Aérea Británica”, detalla a Clarín el historiador y director de la Legión Inglesa, Tim Lough, quien recopiló 850 nombres de argentinos o británicos que “se pagaron el viaje para luchar en el ejército de los Aliados” y hoy figuran en el Memorial de los caídos. Según el Archivo Histórico de la Ciudad, 32.000 argentinos lucharon en el ejército italiano, unos 4.800 en el británico y 5.800 en el francés.

Clarín accedió a una de las cartas que un soldado británico que viajó desde nuestro país envió a su familia desde el frente de batalla y que este domingo leerá un alumno del colegio St George’s College de Quilmes. “Todo está muy tranquilo y pacífico y ahora que no escuché un disparo en cuatro días, estoy empezando a olvidar que hay una guerra”, escribe el inglés Thomas Colvill Jones el 18 de mayo de 1918. 

Con 20 años, junto a su hermano Robert, se convirtió en el primer héroe argentino de la Primera Guerra Mundial que decidió alistarse como voluntario en representación de la comunidad angloargentina. Antes de las heridas, derribó 11 aviones alemanes. “Ya me sacaron la venda de la cara y no es para tanto, espero que mi pierna comience a sanar para empezar a caminar. (…) Cariños a la familia (la única palabra que escribió en español). Su hijo que los ama.” 

Thomas murió el 24 de junio por esas heridas, como lo indican los archivos de los prisioneros de guerra de la Cruz Roja. Fue enterrado en el cementerio del Sur-Oeste de Stahnsdorf, con honores militares. Su nombre aparece en el War Memorial ubicado en el Cementerio Británico, justo donde, un siglo después, un alumno le pondrá voz a sus palabras. También ahí estará Ronnie Scott, el argentino que tiene 101 años y también viajó como aviador voluntario para pelear contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial. 

“La edad no les dará fatiga, ni los años los descalificarán, a la hora del crepúsculo y al amanecer, habremos de recordarlos”, dirá el legionario antes de cruzar el portón hacia el Cementerio Alemán. De fondo se escuchará al coro del Instituto Ballester Deutsche Schule cantar “Danny Boy”, una de las canciones más tradicionales de la cultura irlandesa. 

“Si has muerto y cruzado la corriente antes que nosotros, oramos para que los ángeles te encuentren en la orilla. Y mirarás hacia abajo y suavemente nos implorarás que vivamos, para que podamos ver tu cara sonriente una vez más”, dice.