Haberle preguntado a Andrés

Todo es triste en esta historia de la destitución de Lopetegui. Todo es triste, hasta el silencio culpable de Florentino Pérez, entrometido en la trama que ahora perjudica las ilusiones del fútbol español, perdido en Rusia.

Empecemos por Lopetegui. Lo conocí yendo a Alicante, recientemente, iba a un acto promovido por As. Iba acompañado por asesores suyos, esta gente viaja siempre en plural, por eso el ahora exseleccionador dice tanto “nosotros”. Me pareció un hombre aún joven, bien formado, entendido en cosas muy diversas, también de la política. Y me pareció también discreto y educado, daban ganas de escucharlo hablar. Como la gente de su género, altos ejecutivos, tenía un diálogo fluido con el teléfono. En la conferencia que dio ofreció detalles de su preparación y de su entendimiento de las técnicas del fútbol. Y cuando ya se iba al tren fue cuando lo escuché hablar de este país y de sus cuitas. Ahora él ha añadido una cuita más: la desolación de la Selección que preparó con tanto ahínco y, seguro, con tanta fe.

Y sigamos por Rubiales. Hizo bien en enfadarse: Lopetegui le debía la fidelidad de la información. Tú no puedes estar en misa y repicando, no puedes estar negociando con Florentino Pérez al tiempo que pides dedicación absoluta para el proyecto que te entretiene en Rusia. Esto último es muy serio: en Rusia se jugaban él y la Selección un prestigio del que queda en la Selección al menos un testigo que puede enseñarle sosiego y discreción en negociaciones difíciles: Andrés Iniesta. Haberle preguntado a Andrés. “Andrés, ¿esto se puede hacer así?”

Y terminemos (es un decir) con Florentino Pérez. Con el Madrid todo, al Madrid no se le puede desamparar. La Selección es, para el que hace y deshace en el club blanco, el escalón de abajo. Y en este momento esto no tendría que haber sido así. La velocidad con que quiso usar su presa, para calmar la ansiedad propia, es un ejemplo de enorme egocentrismo. El daño está hecho, y no será, ay, el último daño.

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